Facultad de Ciencias Exactas y Naturales-UBA
  AÑO 15 - NÚMERO 522
  VIERNES, 15 DE ABRIL DE 2005
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Wojtyla y la ciencia
Algunas aperturas, muchas clausuras

Por Nicola Nosengo (*)

  El largo y carismático pontificado de Karol Wojtyla no sólo ha coincidido con grandes transformaciones políticas, sino también con un período de extraordinario crecimiento científico y tecnológico en el sector de las ciencias de la vida. Como tal vez ningún otro pontífice anterior, Juan Pablo II ha debido confrontar con la medicina y la biología.

  Sobre grandes temas de historia y filosofía de la ciencia, Juan Pablo II ha cambiado, si bien un poco, las posiciones mantenidas por siglos por la Iglesia. Aquí, tal vez más que la celebrada revaloración de Galileo, vale la pena recordar la postura hacia Darwin y la evolución: en una comunicación a la Accademia Pontifica delle Scienze del 23 de octubre de 1996, Juan Pablo II decía que "nuevos conocimientos conducen a no considerar más la teoría de la evolución una mera hipótesis"; una concesión mínima, sobrevaluada por los medios de la época. Pero esto bastó para atraer hacia Wojtyla, justo a él, los dardos de buena parte del movimiento creacionista: movimiento, vale la pena recordarlo, desarrollado esencialmente en el mundo del cristianismo evangélico y protestante.

  En compensación, Juan Pablo II ha mostrado una rígida intransigencia sobre la posibilidad de renovar los preceptos católicos de manera de reabarcar en ellos las conquistas de la medicina, y acercarla a elecciones cotidianas aceptadas y practicadas antes que nada por la mayoría de los fieles. En particular, sobre todo lo que se refiere a la esfera sexual y reproductiva.

  Véase, ante todo, el problema del control de la natalidad. La reflexión sobre este tema fue iniciada en la Iglesia Católica durante el pontificado de Paulo VI (1963-1978), que lo afrontó en la encíclica Humane Vitae de 1968. En aquel documento el papa Montini escribía claramente el "no" de la Iglesia a los métodos artificiales de contraconcepción. Sin embargo, reconocía la existencia y la relevancia del problema de la superpoblación, que constituía el motivo mismo de la escritura de la encíclica, y admitía el uso de formas de control de los nacimientos "naturales" (basados sobre el conocimiento del ciclo de fertilidad) para alinear el número de nuevos nacidos a las reales posibilidades de sostenimiento a disposición.

  Si se confronta aquella encíclica con la "Evangelium Vitae" de 1995, en la cual Juan Pablo II trata directamente los temas del aborto, la contraconcepción y la eutanasia, la sustancia de los preceptos no cambia, pero es evidente una postura más cerrada. El argumento de la superpoblación (definido "fenómeno", por consiguiente transitorio y más aparente que real; Paulo VI lo reconocía en cambio como un "peligro") es relegado en los pliegues de la encíclica y tratado como una de las justificaciones adoptadas en favor de políticas "contra la vida"; pero Wojtyla lo invierte, reclamando la necesidad de intervenir con políticas económicas y sociales para garantizar a todos los nacidos condiciones de vida decentes, antes que mantener la población dentro de límites sostenibles para las condiciones actuales.

  En cuanto a la posición hacia las conquistas de la biomedicina, casi treinta años antes Paulo VI abría su encíclica hablando de "progresos estupendos en el dominio y en la organización racional de las fuerzas de la naturaleza, de modo que (el hombre) se esfuerza en extender este dominio a su mismo ser global; al cuerpo, a la vida psíquica, a la vida social, y finalmente a las leyes que regulan la transmisión de la vida". Compárese el tono de estas palabras, no obstante cauto, con las que aparecen en las primeras páginas de la encíclica de Juan Pablo II. "Con las nuevas perspectivas abiertas por el progreso científico y tecnológico nacen nuevas formas de atentados a la dignidad del ser humano, mientras se delinea y consolida una nueva situación cultural, que da a los delitos contra la vida un aspecto inédito y -si fuera posible- aún más inicuo suscitando ulteriores graves preocupaciones".

  La oposición de Juan Pablo II sobre el tema de la contraconcepción aparece más problemática que la de Paulo VI, también y sobre todo porque durante su pontificado a este tema se ha ligado otra emergencia, además de la demográfica: el sida. Es en este terreno que la intransigencia de Wojtyla ha producido los choques más duros con el mundo científico, como fue recordado además por un severo editorial de Lancet publicado durante los últimos días de vida del pontífice. Wojtyla ha repetidamente, y contra el parecer de mucha parte de la Iglesia africana, confirmado la condena de cualquier política que alentase el uso del preservativo en Africa para contener la difusión del sida: castidad para controlar el virus, y difusión de fármacos a bajo costo para curar a los enfermos, son las únicas medidas admitidas por su pontificado contra una enfermedad que mata millones de personas por año y que representa hoy tal vez el principal obstáculo al desarrollo del continente africano.

  Una serie de perentorios "no" ha llegado sobre el aborto y la eutanasia, también en las situaciones más extremas. Al final de los años '90, Wojtyla ha impuesto a la Iglesia alemana salir de los consultorios públicos para no ser de alguna manera cómplice involuntaria de las mujeres que deseaban abortar. El 28 de febrero de 1993 hizo un llamamiento para que las mujeres bosnias, violadas por los serbios durante la feroz "limpieza étnica", fuesen ayudadas a no abortar, y en abril de 1999 se opuso a la distribución de la "píldora del día después" entre las mujeres violadas en Kosovo por parte de las fuerzas de la ONU. El Papa polaco ha pues más veces reforzado su no a la clonación humana. Reproductiva (y aquí, al menos, era en buena compañía también entre los laicos), pero también terapéutica.

  Si bien fascinado por las posibilidades de la ciencia médica, Wojtyla ha hecho prevalecer, en su pontificado, la preocupación que ella deviniese un instrumento de una generalizada (son aún las palabras de la Evangelium vitae) "amenaza a la vida".

(*) Fuente: www.galileonet.it

Traducción: Enrique Stroppiana.

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