Facultad de Ciencias Exactas y Naturales-UBA
  AÑO 15 - NÚMERO 531
  VIERNES, 17 DE JUNIO DE 2005
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De meteoritos, dinosaurios y tsunamis

Ocurrió hace 65 millones de años, en tiempos en que la cuenca neuquina tenía playas sobre el Océano Atlántico.

Por Gabriel Stekolschik (*)

  Cuando los grandes reptiles dominaban el planeta, un objeto extraterrestre del tamaño de la isla de Manhattan atravesó la atmósfera a una velocidad mayor que la de una bala, e impactó a la Tierra en un área costera de la península de Yucatán conocida con el nombre de Chicxulub, provocando una explosión equivalente a millones de bombas atómicas del tipo de la que se arrojó sobre Hiroshima, y dejando como recuerdo un agujero de 180 kilómetros de diámetro. Minutos después de la colisión sobrevino el caos en todo el mundo: la temperatura se elevó hasta los veinte mil grados centígrados ocasionando grandes incendios; la onda del choque produjo terremotos de hasta 16 grados en la escala de Richter, erupciones volcánicas, y olas gigantes de más de cien metros de altura; miles de millones de toneladas de polvo y productos químicos provenientes de las rocas evaporizadas por el impacto se proyectaron hacia el cielo y se dispersaron por todo el planeta causando lluvias ácidas e impidiendo el paso de los rayos solares. Los animales más grandes no pudieron hallar refugio alguno. La falta de fotosíntesis destruyó la flora. Una de las consecuencias de semejante fenómeno fue la extinción en masa de cerca del 70% de las formas de vida que existían en esa época.


Ubicación del tsunami.

  Ahora, un trabajo publicado en el último número de la revista científica Cretaceous Research agrega un dato más a la historia: las olas del tsunami originado en Chicxulub viajaron nada menos que 7.500 kilómetros para asolar las playas de un lugar conocido actualmente como Bajada del Jagüel, situado en la provincia argentina de Neuquén. "Es el sitio más lejano hasta ahora conocido en el cual se encuentran evidencias de aquel tsunami", señala el doctor Roberto Scasso, Director del Departamento de Geología de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, y uno de los autores del estudio. Según el experto, que además es investigador del Conicet, hay solamente dos lugares en todo el hemisferio sur en los cuales se encontraron registros de aquel evento: "El otro sitio es Pernambuco, en el nordeste de Brasil", indica.

El límite de la historia

  Toda la superficie de nuestro planeta es "espolvoreada" permanentemente con materiales que vuelan por la atmósfera y que, lentamente y a lo largo de millones de años, se depositan y acumulan sobre los continentes y el fondo de los océanos conformando lo que en geología se denominan sedimentos. Estas capas de terreno pueden contarnos la historia de la Tierra si conocemos su idioma: "Cuando se produce un tsunami, la ola arranca una importante cantidad de material de la playa y se lo lleva hacia adentro. Entonces, cuando analizamos los sedimentos marinos observamos que, entre las capas de sedimentación normal, aparece un estrato de grano más grueso de tipo arenoso que registra ese evento particular como un acontecimiento instantáneo", explica el doctor Scasso. Según el geólogo, en los tiempos del gran cataclismo el nivel del mar era alto y el Océano Atlántico había penetrado hasta lo que hoy es Neuquén, donde "había una línea de costa con segmentos de playas".

  El hallazgo de una capa de tsunami (así la llaman los expertos) en tierras neuquinas se corresponde, además, con un momento de la historia geológica -entre el cretácico y el terciario- que los científicos llaman el límite K/T, consistente en una franja de sedimento característica que se encuentra en los más diversos lugares del planeta y que refleja las consecuencias del choque del meteorito: "En los sedimentos que marcan el límite K/T suelen encontrarse los materiales expelidos a la atmósfera por efecto del impacto como, por ejemplo, fragmentos de cuarzo deformados por la colisión provenientes de la roca que recibe el impacto, tectitas (esferas de vidrio de la piedra fundida que se enfría en la atmósfera), y una anormal cantidad de Iridio, que es un elemento relativamente abundante en los objetos extraterrestres", ilustra Scasso.

El límite del hallazgo

  Si bien la capa geológica descubierta en la cuenca neuquina coincide con el límite K/T, el trabajo conjunto de los investigadores de la UBA y de la Universidad de Berlín no ha logrado aun encontrar cuarzo, tectitas o iridio en el estrato hallado, para así corroborar la hipótesis del impacto como causa del tsunami que asoló Neuquén. No obstante, según el doctor Scasso, varias líneas de evidencia permiten sostener esa relación causal: "No sólo tiene todas las características de una capa de tsunami, sino que la edad de este estrato sedimentario ha sido confirmada por la antigüedad de los fósiles hallados en ella, y es contemporánea al impacto; además, su estructura y su composición en minerales hablan de la ocurrencia de un evento excepcional". Finalmente, otro hallazgo efectuado por el equipo de científicos agrega un nuevo argumento a favor de su hipótesis: "Inmediatamente por encima de la capa de tsunami encontramos una "zona muerta", es decir, un estrato relativamente escaso en fósiles que evidenciaría las consecuencias ecológicas de un acontecimiento devastador", sostiene Scasso.

  En cualquier caso, mientras la geología indaga en el presente para entender el pasado y poder pronosticar el futuro, de lo que no queda ninguna duda es que mientras los dinosaurios tomaban sol en las playas neuquinas allá lejos y hace tiempo, un catástrofe excepcional acabó con su reinado y permitió que los mamíferos nos hiciéramos dueños de la Tierra.

(*) Centro de Divulgación Científica - FCEyN.

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