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Jueves 24 de octubre de 2002

Pican, pican los mosquitos

Por María Gabriela Freire (*)

  Agazapados en el césped esperan el paso de su presa. Y sus víctimas no son ni más ni menos que aquéllos que esperan disfrutar de los primeros atardeceres agradables que nos da la primavera o los que corren alrededor de los lagos de Palermo para luchar contra los kilos de más que dejó el invierno. Esta es una escena conocida para la mayoría de los porteños cuando comienzan los días más cálidos.

  Se trata de Ochlerotatus albifasciatus, una especie de mosquito muy voraz y de picadura dolorosa e insistente. "Son responsables de la disminución en la producción lechera y cárnica de diversas zonas de la región pampeana, como en la provincia de Santa Fe. Por su tamaño corporal pueden perforar la piel del ganado, picándolo insistentemente, a tal punto de poner tan nerviosas a las vacas que no les permite alimentarse correctamente", asegura Nicolás Schweigmann, doctor en biología y director del Grupo de Estudio de Mosquitos de la Universidad de Buenos Aires.

  Oc. albifasciatus es una de las llamadas especies de inundación. Sus hembras oviponen sobre terrenos inundables, y los huevos eclosionan en contacto con el agua, al llegar las lluvias. Estos huevos son de resistencia, por lo cual pueden permanecer en suelo seco más de un año y ser aún viables. Por eso, en temporadas lluviosas se producen grandes aumentos en la abundancia de estos insectos.

  "Pero no sólo es molesto -continúa Schweigmann- sino que también es un importante vector de diversos agentes patógenos, como el virus de la encefalitis equina del oeste y la Dirofilaria immitis, un nematodo que se aloja en el corazón de los perros causándoles serias cardiopatías".

Los espacios verdes

  Sin embargo, Oc. albifasciatus no está solo. El grupo de investigación de la UBA ha determinado 32 especies de mosquitos de la ciudad de Buenos Aires, muchas de ellas de importancia sanitaria, ya que podrían transmitir los parásitos causantes de enfermedades como las encefalitis equinas (que también pueden afectar al hombre), las filariasis humanas y caninas, el dengue y el paludismo.

  "Indiscutidamente los espacios verdes son los lugares de la ciudad de Buenos Aires donde puede encontrarse la mayor abundancia y diversidad de especies de mosquitos, pues ofrecen gran cantidad de sitios de cría", dice Cristina Marinone, limnóloga participante del grupo de investigación de Schweigmann.

  La cantidad de mosquitos es directamente proporcional a la extensión de los espacios verdes, a la abundancia de su vegetación y a la cercanía de cuerpos de agua que puedan ser aptos como criaderos (sin peces pero con vegetación litoral o flotante). También es claro que cuanto más salvaje sea la vegetación de un parque, como sucede en la Reserva Ecológica Costanera Sur, tanto mayor será la diversidad (variedad) de mosquitos que se encuentre.

  Por otro lado, la abundancia de mosquitos aumenta a medida que nos alejamos del centro hacia los barrios de la periferia de la ciudad, de casas bajas con jardines y poco tránsito. Según la opinión de la especialista, "la presencia de vegetación es un factor de mucha importancia para que prosperen las poblaciones de mosquitos, ya que les proporciona refugio y alimento, tanto los jugos vegetales de los que se alimentan los machos y las hembras no grávidas, como la sangre de aves para las hembras próximas a oviponer".

No sólo en verano

  Los mosquitos suelen ser asociados con el verano, y esto puede explicarse de dos maneras. En lo que hace a la biología, se trata de organismos poiquilotermos, es decir que su metabolismo depende de la temperatura ambiente, y por lo tanto están más activos durante la estación cálida. Este aumento de la tasa metabólica implica una mayor actividad reproductiva que a su vez requiere una alimentación más frecuente. En los seres humanos, esto es percibido como un incremento en la frecuencia de picaduras.

  Por otra parte, se ha comprobado que en el verano aumenta la diversidad de mosquitos; es decir que su número no sólo se incrementa por una reproducción más activa de las poblaciones locales, sino que la ciudad recibe a otras especies de presencia estacional, que sólo pueden prosperar en esta parte del mundo durante la temporada cálida. Una gran abundancia y una mayor actividad de vuelo a causa del apareamiento, búsqueda de alimento o de sitios de oviposición, implican de por sí una mayor probabilidad de encuentro entre éstos y la gente.

  En lo que respecta al comportamiento humano, el verano es propicio para las actividades al aire libre en espacios verdes, por lo tanto esto también aumenta la probabilidad de encuentro con los mosquitos. El uso de ropas más livianas o el hecho de dejar expuesta una mayor superficie de piel, asociadas a una mayor transpiración durante el verano, también son factores de atracción para los mosquitos.

Cómo protegernos

  Existen varias formas de prevenir los ataques de los mosquitos, no solamente las conocidas barreras físicas, como los alambres mosquiteros en puertas y ventanas, o las químicas, como los insecticidas y repelentes.

  En espacios abiertos, simplemente se puede reducir la posibilidad de encuentro, teniendo en cuenta los horarios de picadura de los mosquitos, y los lugares que éstos frecuentan. También podemos limitar nuestra exposición utilizando ropas de telas más gruesas o de colores no atractivos para los mosquitos, entre los que figuran los de la gama del azul. "Manteniendo una correcta higiene personal y de la ropa, podemos evitar ser detectados por nuestro olor corporal, asimismo no es recomendable utilizar perfumes florales, ya que resultan atractivos para los mosquitos", recomienda Marinone.

  Otra posibilidad, en ambientes de alta densidad de mosquitos o donde exista alto riesgo de transmisión de enfermedades, es prepararse con anticipación tomando una dosis importante de vitaminas del complejo B, para lo cual debe consultarse a un médico. Luego de ello, el olor de la piel resultará desagradable para los mosquitos y otros insectos hematófagos.

  Los especialistas opinan que en los jardines deben mantenerse las plantas podadas y el pasto cortado para ofrecer el menor refugio posible a los mosquitos o también cultivar plantas con aromas repelentes para ellos, como el ricino. En aquellos jardines con estanques ornamentales, es indispensable sembrar especies de peces que incluyan en su dieta larvas de mosquitos. Se deberá tener el mayor cuidado en no dejar recipientes en los cuales se pueda acumular agua de lluvia, transformándose en criaderos.

  "Para los espacios verdes públicos, de gran extensión -agrega la limnóloga- no existe nada más eficiente que la nivelación del terreno para evitar la profusión de charcos".

 

(*) Bióloga, integrante del Grupo de Estudio de Mosquitos de la UBA, y alumna del curso de Periodismo Científico de la FCEyN, año 2001.

 

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